Son bolas de acero de 2 a 4 mm, un ayudante diminuto que en el taller dura años. Su uso más frecuente es el de bolas de mezcla: las echas en el bote de pintura, de lavado o de médium para pigmentos, y unos segundos de agitado hacen más que un buen rato removiendo con un palillo. El pigmento sube del fondo de manera uniforme y no quedan grumos que luego aparecen en la capa pintada. Al ser de acero no se deshacen ni reaccionan con la pintura, así que se lavan y vuelven al bote siguiente.
El segundo uso es mecánico: con ellas puedes lastrar una pieza ligera o rellenar una cavidad donde necesitas volumen. El complemento más lógico está por tanto en las pinturas de modelismo, que son lo que más agitado necesita, y en los pigmentos, que también hay que remover antes de usarlos. Están catalogadas dentro de herramientas de esculpido, junto al resto del equipo de modelado.