Juego de plantillas autoadhesivas para pulverizar el lozenge de cinco colores en el entelado de los aviones alemanes de la Primera Guerra Mundial. Doce hojas, escala 1:32.
Los datos correspondientes no están disponibles.
Las fuerzas aéreas alemanas dejó en 1917 de pintar el camuflaje sobre el entelado y empezó a encargarlo directamente a las fábricas textiles. La tela llegaba al taller de montaje ya con un mosaico poligonal en cinco tonos, de modo que tras tensarla en la estructura no había que pintar nada más. La razón era puramente práctica: la pintura sobre tejido tensado añadía kilos, lo endurecía y se agrietaba con cada flexión.
La versión de cinco colores correspondía a las superficies superiores: el entelado de las alas y el lomo del fuselaje de máquinas como el Fokker D.VII o el Halberstadt. Los rollos de tela se colocaban oblicuos sobre la superficie portante y cada fábrica tenía su propia costumbre, así que la inclinación de los campos variaba de un ejemplar a otro. No se trataba de un manchado aleatorio. El mosaico regular de pequeñas superficies rompía el contorno de la máquina vista desde arriba contra un paisaje variado con más eficacia que cualquier tono uniforme, y además podía imprimirse a gran escala.
Dibujar a mano cientos de polígonos en esta escala es un trabajo de semanas y un solo canto tembloroso se ve. La caja trae por eso doce hojas de material autoadhesivo con las que se compone todo el patrón campo por campo. Se procede del tono de fondo a los demás tonos, siempre con el canto bien presionado, para que la pintura no se meta bajo la lámina.
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