Ninguna otra ayuda de pintura se usa tanto como la cinta de enmascarar. Las hay desde 0,75 mm de ancho para líneas muy finas, pasando por los rollos corrientes de tres a diez milímetros, hasta tiras de 100 mm para tapar planos completos; a eso se suman versiones flexibles que siguen una curva sin arrugarse y juegos con varios anchos juntos. Lo que diferencia una cinta de otra es sobre todo la adherencia y la docilidad, y justo de ahí sale el resultado.
El ancho es solo el primer dato. El segundo es la adherencia: tiene que sellar el borde, pero no tanto como para arrancar la pintura al despegarla. El tercero es la docilidad. Una cinta recta llevada a un arco se arruga y abre canales por los que se cuela la pintura, mientras que la versión flexible describe la curva lisa. El cuarto es el soporte: las de papel washi se rompen con la mano y copian el grabado, y las de film se dejan estirar. Los rollos van de diez a cincuenta y cinco metros, y parte de ellos vienen en dispensador con aplicador.
Para la partición del fuselaje, para franjas rectas y para tapar planos lisos basta la cinta corriente del ancho que toque. Repasa el borde con un palillo de punta a lo largo de todo el recorrido.
En el casco de un barco, en un ala redondeada o en un guardabarros usa la versión flexible. Marca primero la línea con cinta estrecha y solo después cubre el resto del plano con cinta ancha o con papel.
Aquí la cinta no es la herramienta. Te servirán mejor las masillas de enmascarar y, para patrones repetidos, las máscaras y plantillas universales.
El resto de materiales de tapado está en la categoría superior material de enmascarado. Donde más cinta se gasta es en coches y Fórmula 1 con carrocerías de dos tonos y en barcos con la línea de flotación recorriendo todo el casco.