Hataka organiza su catálogo en líneas identificadas por un color, y cada línea cambia el aglutinante y, con él, la forma de trabajar. Una es acrílica al agua para pincel, otra es de tipo laca con una película muy fina y resistente, otra viene ya ajustada para aerógrafo y hay una línea aparte dedicada a miniaturas.
Los tonos parten de normas documentadas y suelen llevar en el nombre el usuario al que corresponden, de modo que localizar el color de una máquina concreta se hace rápido.
La clave es sencilla: el color de la línea te dice qué aglutinante recibes y con qué vas a diluir. Los tonos se llaman igual de una línea a otra, así que el mismo color lo encuentras en varias versiones y eliges según la técnica con la que pintes.
Blue Line en 10 ml es la opción más versátil. Se diluye con agua o con su propio producto, cubre bien a pincel y la herramienta se limpia sin química agresiva, así que también vale para pintar en una habitación normal.
Orange Line deja una superficie más dura, capaz de aguantar la cinta de enmascarar y un lijado suave. Necesita su diluyente de laca y un puesto de trabajo bien ventilado.
Red Line en 10 ml viene en consistencia para aerógrafo, de forma que te ahorras el paso de ajustar la densidad. Para figuras y miniaturas existe la Violet Line, con mayor poder de cubrición.
Temáticamente la gama se apoya sobre todo en las maquetas de aviones, aunque funciona igual sobre vehículos terrestres. Para compararla con el resto de sistemas acrílicos, abre pinturas acrílicas.