La paleta IONIC está montada para pintar figuras y modelos de fantasía, y mezcla tonos fríos y cálidos de una manera que no verás en una gama histórica: azul y amarillo hielo, verde láser, turquesa, coral y vainilla conviven con colores de uso diario como el hueso, la arena de desierto, el marrón cuero y una larga lista de grises. Son pinturas formuladas para cubrir incluso sobre una base oscura, lo que en los tonos claros marca la diferencia entre una capa y cuatro. A continuación verás cómo ordenar el trabajo con ellas.
Un acrílico corriente necesita tres o cuatro capas sobre una base oscura antes de dejar de transparentar, y cada una de ellas entierra un poco del modelado. Las pinturas de alta cobertura reducen eso a una o dos, porque llevan más pigmento y menos carga de relleno. Para quien pinta figuras importa sobre todo en los tonos claros y saturados —amarillos, blancos, corales—, que son los que peor se portan. La segunda virtud de esta paleta es su lógica interna: junto a los colores llamativos incluye grises neutros, huesos y arenas con los que se apagan y se ligan los tonos vivos, de modo que la figura no acabe pareciendo un rompecabezas de colores. En esos neutros se ve si una paleta se ha pensado para pintar o solo para la carta de colores.
Cubrir bien no significa aplicar directamente del bote. Una capa espesa entierra el relieve igual. Diluye gota a gota en la paleta y comprueba la fluidez en un recorte antes de tocar la figura.
Dos colores saturados puestos uno al lado del otro se pelean. Una franja de hueso, arena o gris los une. Esos mismos tonos te sirven luego para la piel, la cuerda, la madera y la peana, así que acabarán siendo la parte más usada de la paleta.
Los colores claros y saturados siguen agradeciendo una base clara, aunque cubran bien. Los oscuros y terrosos se arreglan con un gris. En los surfacers e imprimaciones tienes las dos opciones.
Las demás series del mismo fabricante, incluidos los tonos para vehículos históricos, están en AMMO of Mig Jimenez.