Cinco tapones de plástico de repuesto para frascos de 30, 60 y 100 ml. La menudencia que salva una pintura empezada de secarse.
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Quien haya dejado alguna vez un frasco de pintura sin cierre sabe cómo acaba. El disolvente se evapora, la superficie espesa y al día siguiente aquella pintura se ha vuelto un jarabe que ya no se devuelve a su estado original. El cierre, además, se pierde con facilidad: rueda bajo la mesa, se queda pegado al tablero por una gota seca o se le rompe la rosca interior.
Un juego de cinco tapones de repuesto basta para tener siempre uno a mano. Sirve para tres tamaños de frasco, es decir treinta, sesenta y cien mililitros, lo que cubre la gama habitual de esta marca, desde los tonos sueltos hasta los diluyentes y los barnices. Desaparece con ello la improvisación con film transparente, con cinta adhesiva o con un tapón de otra marca que nunca asienta del todo.
Un par de consejos de mantenimiento: la rosca del frasco conviene limpiarla con un paño humedecido en diluyente después de cada uso, porque de otro modo los restos de pintura se secan en la ranura y el tapón deja de cerrar. Guarde los frascos de pie y en un lugar fresco, no en la ventana. Y si se mezcla sus propios tonos, anote el contenido directamente en el tapón, porque unos cierres iguales en varios frascos pueden costar más tiempo de búsqueda de lo que uno cree.
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