Un buque de guerra deformado mantiene lo que lo identifica, la superestructura, las torres y la chimenea, y recorta el casco hasta dejarlo en un tercio de su longitud. El resultado se monta en poco tiempo y se expone en cualquier estante, que es justo lo que no permite un acorazado en 1/350. En esta sección hay acorazados y cruceros, portaviones clásicos y modernos, un transatlántico en versión caricatura con escenas complementarias y modelos con piezas de efectos para simular el disparo o la estela; varios incluyen un pedestal ya pintado.
Abajo tienes qué se monta distinto en un barco corto y cómo rematarlo.
Desaparece el trabajo de casco: no hay que alinear medio metro de eslora ni cuidar la línea de flotación, porque el modelo se apoya en un pedestal. A cambio, todo el interés se concentra en la superestructura, que al estar exagerada se ve entera desde cualquier ángulo. Las piezas son gruesas y encajan a presión, de manera que el montaje es rápido y la pintura se puede hacer casi toda con el modelo ya armado.
El contraste entre la cubierta de madera y el gris del casco es lo que da carácter a la pieza. Un lavado marrón sobre la cubierta y otro gris oscuro en las juntas del casco cambian el aspecto por completo en media hora.
Un barco no se ensucia como un vehículo: la suciedad baja en vertical desde los imbornales y las anclas. Con óleos con aplicador o con pigmentos líquidos se resuelve con cuatro trazos, y es el detalle que separa un modelo pintado de uno terminado.
Las piezas transparentes o moldeadas de fogonazo y agua se pintan aparte y se montan al final, porque se rayan con solo manipularlas. Si el modelo trae pedestal, deja la base para el final y así puedes sujetar el casco cómodamente mientras pintas.
Para montarlos basta un alicate de corte y, si quieres asegurar las uniones, una gota de pegamento; con pinturas y dos pinceles el modelo deja de parecer plástico de color.