Las máscaras para maquetas de vehículos militares son plantillas adhesivas precortadas que te permiten pulverizar un camuflaje, un emblema o una numeración con el borde perfectamente limpio, sin pulso de pintor ni calcas sobre superficies irregulares.
El segundo gran grupo lo forman los juegos de enmascarado: ventanillas, faros y retrovisores de vehículos de ruedas, recortados a la forma exacta de cada kit. Pegarlos lleva un minuto y ahorra la hora larga de ir recortando tiras de cinta a ojo. Y hay un argumento más: un marcaje pulverizado soporta mucho mejor el envejecido posterior que una calca, porque no tiene película que pueda platearse ni levantarse en los cantos.
Las de camuflaje reproducen el esquema de un vehículo concreto y se colocan por tramos, siguiendo el orden de colores. Las de emblemas y numeración resuelven marcajes que, pulverizados, quedan integrados en la pintura. Y las de enmascarado protegen lo que no debe recibir color: cristales, ópticas y espejos. Son tres usos distintos, y conviene no confundirlos al comprar.
La máscara necesita una base lisa y completamente seca. Sobre pintura fresca o sobre una capa mate muy rugosa, el adhesivo no sella y la pintura se cuela por debajo.
El enemigo del borde limpio es la pintura cargada. Da varias manos finas con el aerógrafo a presión baja y perpendicular a la máscara; si pulverizas en ángulo, empujas color bajo el borde.
Levanta la máscara cuando la pintura esté seca al tacto pero todavía no curada del todo, tirando hacia atrás en ángulo cerrado. Si esperas días, el canto de pintura puede saltar con ella.
Los kits de destino habituales están en vehículos militares en escala 1/35.