Los esmaltes Revell en tarros de 14 ml los conoce cualquiera que empezara con kits cuyas instrucciones remiten a un número de color. Ahí está su ventaja práctica: la hoja de montaje da el número, lo buscas en el listado y no tienes que traducir nada entre cartas de color. La lista cubre mates, satinados y brillantes, tonos metalizados para las superficies de metal, y la completa un juego de colores básicos. Cómo trabajarlos, debajo del listado.
Los tonos van bajo números de orden a los que remiten las instrucciones del kit, así que quien empieza no tiene que buscar equivalencias ni interpretar nombres. El tarro de fondo plano, además, aguanta bien que se cargue el pincel directamente y permite remover la pintura desde el fondo, que es exactamente lo que un esmalte necesita antes de cada uso.
El pigmento de un esmalte se asienta en el fondo y, sin remover a conciencia, lo que aplicas es casi solo aglutinante. Remueve un minuto y desde abajo, hasta que el color sea igual en toda la profundidad. Los utensilios para eso están en herramientas.
Un esmalte es agradecido a mano, porque se nivela solo. Da dos capas finas y deja secar entre una y otra; los tamaños se eligen en pinceles.
Para aerografía, lleva la pintura a una fluidez que corra con libertad. Los diluyentes para pintura de base disolvente están en diluyentes y limpiadores, donde también hay producto para enjuagar el aerógrafo; trabaja con el taller ventilado.
Si en el listado te aparece un conjunto de varios tonos junto a los tarros sueltos, mira el contenido: los juegos repiten colores básicos que probablemente ya tengas.