Un sexto del tamaño real son casi treinta centímetros de figura, la frontera donde la miniatura deja de serlo y empieza a comportarse como una escultura pequeña. Es una medida de coleccionista, con pocas referencias y muy marcada por cada pieza concreta: ahora mismo hay un tirador militar, un legionario romano que llega ya pintado y con su peana, y un personaje de cómic. A este tamaño el rostro y los pliegues de la ropa mandan por completo, de modo que es terreno para quien pinta despacio.
Si te atrae la escala pero quieres algo más manejable, el paso intermedio son las figuras de 120 mm, con la misma lógica de retrato y la mitad de superficie. Para el resto de medidas tienes el índice completo en figuras para maquetas, y en piezas tan grandes conviene trabajar con pinturas de modelismo que puedas mezclar en cantidad suficiente, porque una pierna entera gasta más de lo que parece.