Los metalizados de Green Stuff World van del cromo en cuentagotas pequeño a los metales flexibles en botes de 240 ml. Hay cromo cobre, hojalata y oro antiguo; metalizados de color en púrpura y turquesa; dorados intensos; y versiones flexibles de plata, oro, bronce, cobre y acero para superficies que se doblan. Son tres maneras distintas de hacer metal, y conviene saber cuál es cuál antes de empezar. Cómo plantearlas para que el metal parezca metal, a continuación.
Parece una sola categoría, pero en la práctica se divide en tres enfoques. Los cromos tienen el pigmento más fino y, bien aplicados, dan una superficie de espejo; son los más exigentes con la base. Los metalizados de color combinan el brillo del metal con un tono propio y van a armaduras, piezas de fantasía y detalles decorativos. Los metales flexibles en formato grande no buscan el espejo, sino la resistencia: al secar siguen siendo elásticos, así que no se rompen sobre goma, látex o una pieza móvil. Lo que funciona en un capó de espejo falla en una cadena de goma, y al revés.
El efecto espejo solo aparece sobre una base brillante y absolutamente lisa: cada raya de lija y cada marca de pincel se amplifican en el reflejo. Alisa la pieza y séllala antes con una base negra brillante de surfacers e imprimaciones.
El pigmento metálico se asienta en la superficie y se alinea mecánicamente. Si entras de nuevo en una capa a medio secar, lo arrastras y queda una mancha mate. Trabaja a presión baja y con varias pasadas flojas.
Cualquier barniz apaga algo el brillo metálico. Si la pieza no va a sufrir roce, déjala sin barnizar; cuando necesites protección, elige una capa fina y brillante de barnices.
Otras superficies metálicas de otras familias, incluidas las pulibles y las de polvo, están en metálicas.