Los metalizados Vallejo parten de una base acrílica, de modo que se aplican con pincel y con aerógrafo y no exigen disolvente orgánico. La lista incluye platas y aluminios, oros en varios registros —del pálido al verdoso y al rico—, cobre, latón, acero de armas y algunos metales desplazados de color para modelos de fantasía. Los botes salen en más de un formato, el pequeño para detalle y el grande para superficie. Cómo se trabaja un metal acrílico, debajo del listado.
La ventaja principal es la comodidad. Abres el bote en la mesa, trabajas a pincel, al terminar enjuagas con agua y no tienes que pensar en la ventilación. Las partículas metálicas de esta familia son lo bastante pequeñas para que incluso una capa de pincel se lea como metal y no como una pasta plateada. En cambio no vas a obtener el brillo de espejo de una familia tipo laca: para eso hace falta una pintura de base disolvente.
Agita bien el bote antes de usarlo, porque el pigmento metálico se asienta antes que el de color. Aplica dos capas finas con una punta fina de pinceles, nunca una gruesa que ahogue el grabado.
Para aerografía, ajusta la pintura con un diluyente acrílico de diluyentes y limpiadores. Con agua sola, un metal acrílico admite poco margen: la película se rompe y el pigmento no se asienta por igual.
Los tonos metálicos son ideales para los cantos gastados y la pintura que se desprende. Pasa un pincel seco con muy poca carga por los bordes expuestos y aparece la sensación de chapa desnuda bajo la capa de color.
Las demás familias metálicas están reunidas en metálicas.