La escala 1/24 convierte la vitrina en una sala de museo pequeña. Un caza monomotor ronda los 45 cm de envergadura, así que el motor queda al descubierto con sus cilindros, la cabina se amuebla de verdad y el entelado de un biplano enseña costuras y nervios. Es, además, la escala donde más fácil resulta montar la familia completa de un mismo tipo: del bombardero en picado hay versión de serie, tropicalizada, antitanque y de hidroavión, y del caza alemán más conocido hay media docena de subtipos. Debajo te contamos a quién le va bien este formato y con qué se completa.
A esta escala el fabricante ya no tiene que resumir: los radios de las ruedas, las tiras del arnés o las varillas del tren se moldean tal cual. Conviven dos mundos muy distintos. Por un lado los cazas y bombarderos en picado de la Segunda Guerra Mundial, con capós desmontables y cabinas completas. Por otro los biplanos y triplanos de la Primera, donde el trabajo fuerte está en los tensores, la madera de la hélice y el entelado pintado a mano. También hay algún hidroavión con flotadores, que a este tamaño es un espectáculo aparte.
Las piezas grandes se agarran bien, pero las juntas de un fuselaje largo piden masilla y lijado, y una superficie así delata cualquier irregularidad bajo la pintura. Es una escala para quien ya ha cerrado unos cuantos modelos.
Cuenta con 40 cm o más por avión; por eso la 1/24 se monta casi siempre como pieza única. Una urna o una peana no son un capricho: en superficies tan amplias el polvo se ve.
Un biplano de 1917 y un caza de 1944 se montan con técnicas distintas. En el primero disfrutarás pintando tela y madera y peleándote con el cableado; en el segundo, abriendo capós y amueblando una cabina que se ve entera.
Las superficies grandes piden aerógrafo y una preparación seria con masilla. Si quieres detalle con un poco menos de volumen, mira los aviones en escala 1/32.