¿Buscas el punto medio entre tamaño y detalle? La 1/48 lo clava. Un caza monomotor se queda entre 20 y 25 cm de envergadura, la cabina y la línea de paneles se ven sin esfuerzo y el modelo todavía cabe en una balda normal. Es la escala en la que más gente se acaba quedando: hay desde kits sencillos de pocas piezas hasta ediciones que traen fotograbados y máscaras dentro de la caja, y el catálogo abarca cazas de hélice, reactores, entrenadores y bimotores de patrulla. Debajo te contamos a quién le encaja y qué piezas de la misma escala llevan el montaje más lejos.
Con el avión a este tamaño trabajas cómodo: se pintan sombreados y desgastes que en 1/72 estarían al límite de lo visible, y los remaches, el interior de la cabina y los flaps bajados se aprecian sin acercar la nariz. A la vez, la colección sigue siendo manejable, cosa que deja de ser cierta en cuanto subes a 1/32. Y hay un detalle práctico que no se suele contar: es la escala para la que más piezas de mejora vas a encontrar aquí, en calcas, máscaras, fotograbado y resina, así que casi cualquier aparato que montes tendrá su juego a medida.
Le saca más partido quien ya ha terminado un par de maquetas y quiere dedicarle tiempo al acabado. Tampoco es mala primera escala: basta con empezar por un aparato sencillo y no lanzarse de entrada a un bimotor de cuatrocientas piezas.
Entre 20 y 25 cm para un monomotor y por encima de 40 cm para un bimotor. Merece la pena planificar la colección con más cabeza que en 1/72; a cambio, cada modelo se mira de uno en uno.
Parte de los kits salen en versiones completas, con las láminas de fotograbado y las máscaras ya incluidas; en los básicos se añaden aparte. Mira la caja antes de pedir mejoras, que es fácil acabar con dos juegos de lo mismo.
Para dejar las juntas invisibles tienes masillas y, para el trabajo fino, herramientas. Si prefieres montar escuadrillas enteras en vez de piezas sueltas, el sitio son los aviones en escala 1/72.