La hoja suelta es lo que convierte un árbol genérico en una especie concreta, y lo que hace que la hojarasca del suelo no parezca serrín de color. Esta subcategoría reúne hojas cortadas en papel y con láser, con silueta de palmera en varias formas, arce, roble, tilo, abedul, plátano, banano fresco y seco, monstera, liana, vid, nenúfar y hiedra, marcadas para 1/16, 1/24, 1/32, 1/35 y 1/48.
Al lado están los formatos a granel: micro hojas en mezclas de color para las escalas pequeñas, hojarasca de suelo de bosque en bote de 200 ml, follaje de hiedra en versión pequeña y grande, y fibra corta de 2 mm en varios verdes. Hay además un juego de hojas de otoño resuelto como calca y hojas de arce en látex, más flexibles que el papel cuando hay que curvarlas.
El papel cortado con láser es el más fino y el que da mejor silueta, pero hay que separarlo hoja a hoja y tratarlo con cuidado. El látex aguanta el doblado sin romperse, así que es la opción cuando la hoja tiene que envolver una rama o un cuerpo. Las micro hojas no se eligen por silueta sino por tono, porque a su tamaño ya no se distingue la especie.
Una hoja plana se ve plana. Pásala por el canto de una pinza o enróllala un momento sobre un alambre fino para darle nervio, y pégala con cola blanca o con cianoacrilato muy fluido aplicado con la punta de un palillo. En las hojas sin color, pinta las dos caras: el reverso de una hoja real nunca es del mismo tono que el haz.
En el suelo la hoja va mezclada con tierra y con restos finos, nunca sola. Reparte primero el árido, pega la hoja encima en grupos y remata con un velo de pigmento, que es lo que une las dos cosas. Y recuerda que la hojarasca se acumula en los bordes y en los rincones, no en el centro del camino.
El resto de la escenografía está en accesorios escénicos.