Edificios y accesorios es la parte del modelismo ferroviario en la que la escena toma forma. Aquí están los elementos que sujetan la vía dentro del paisaje —alcantarillas en versión de madera, de piedra, de ladrillo y de hormigón, y pasos a nivel con tablero de madera o de acero— y a su lado la utilería sin la que una escena resulta sospechosamente ordenada: cajas, carga sobre el muelle, herramienta de la brigada de carretera, trastos de garaje, bancos de parque, chatarra suelta, palmeras, un olmo seco y hasta lápidas. La mayor parte está indicada para escala H0, y un par de conjuntos incluyen figuras.
Ni una estación ni una carretera reales son superficies vacías. Unas cajas desordenadas junto al muelle, un montón de hierros detrás del cobertizo, un par de bancos y un árbol en el borde: son cosas que el ojo busca sin darse cuenta. Cuando faltan, la escena parece una maqueta de arquitectura y no un lugar. Por eso tiene más sentido comprar utilería menuda que otro edificio: el resultado cambia mucho más.
La alcantarilla de madera corresponde a una línea rural y a tráfico ligero; la de piedra y la de ladrillo, a una línea principal antigua; la de hormigón, a una más moderna. La misma lógica vale en los pasos a nivel: el tablero de madera encaja en un camino de tierra y el de acero en una carretera asfaltada. Esa decisión dice más de tu maqueta que el detalle de la pieza en sí.
Las piezas nuevas tienen un tono uniforme que destaca dentro de la escena. Una capa fina de pigmento, es decir de polvo de color muy molido, o un lavado suave dan profundidad a las juntas de la piedra y del hormigón. En la madera basta con insinuar el grisáceo del paso del tiempo.
La carga va donde alguien la dejó, la chatarra a un rincón, el banco donde se espera. Tres piezas en el sitio correcto hacen más que veinte repartidas de manera uniforme por todo el tablero.
El terreno, el agua y la vegetación del entorno de la línea están en accesorios para dioramas, y el apartado completo del tablero, en ferrocarril.