La media caña tiene un lado plano y el otro curvo, así que pegada sobre una superficie parece una moldura saliente o un tubo medio embutido en la chapa. Es la manera más rápida de añadir a la maqueta una manguera, una tapa de conducción, un nervio longitudinal o un listón decorativo. Las anchuras van de un milímetro y medio a seis y medio, la altura es aproximadamente la mitad de la anchura y el largo es de 250 o 350 mm.
El lado plano tiene además una ventaja práctica: el perfil se queda donde lo pones y no rueda mientras el adhesivo agarra.
Una varilla pegada sobre una superficie la toca en una sola línea, de modo que gira al colocarla y la unión es débil. La media caña asienta con toda la cara plana, se sostiene sola y el resultado parece un tubo medio hundido en la pieza, que es exactamente como van las mangueras en sus canales y los cables bajo sus tapas.
Es el uso más frecuente: el nervio longitudinal de una superestructura, la tapa del tendido eléctrico en la pared de un edificio, el reborde de una escotilla o el refuerzo sobre una chapa. Una anchura de unos dos milímetros equivale en 1/35 a una tapa de unos siete centímetros, que es la medida habitual.
Cuando la manguera no va a ningún sitio y solo recorre la superficie, la media caña es más rápida que un tubo. Dos piezas pegadas juntas forman un mazo doble. Para conducciones que han de curvarse en el aire conviene recurrir a los alambres y varillas.
Los trozos cortos valen como nervios, como patas bajo un anclaje y como remate redondeado del extremo de un puntal. Si la moldura tiene que ir en un rincón y no sobre una cara, el perfil que toca es el cuarto de caña.
Las molduras terminadas lucen de verdad cuando se marca la sombra a su alrededor, para lo que sirven los efectos de envejecido.