Number 5 son pinturas compuestas a partir de tonos de carrocería concretos. En vez de un rojo o un azul genéricos, aquí los colores están ligados a coches y equipos determinados: granates oscuros, rojos saturados, azules de escudería, gris ártico, plata, blanco y negro de deportivos.
Una paleta así resuelve el problema principal de quien monta coches: acertar con el tono que el espectador reconoce al instante. Debajo te contamos cómo dejarlo bien puesto sobre la carrocería.
En un avión o un carro, un acabado mate perdona los defectos pequeños. La carrocería es justo lo contrario: una superficie brillante subraya todo lo que hay debajo, desde el resto de una línea de molde o un bebedero mal lijado hasta el polvo que se asentó entre capas o la huella de un dedo. Por eso en los coches la preparación se lleva más tiempo que la pintura y por eso casi siempre se pulveriza. La segunda particularidad es la exactitud del color: los tonos de fábrica y de competición tienen nombre propio y cualquiera que siga ese mundo los reconoce, así que inventar un sustituto no sale bien.
Lija la carrocería con granos cada vez más finos, lávala y déjala secar. Pulveriza entonces una base de imprimaciones y surfacers, míralas a contraluz y corrige lo que aparezca antes de pasar al color.
El mismo color no se ve igual sobre blanco que sobre gris. Los rojos y amarillos piden base clara; los azules oscuros y los negros se arreglan con gris. Si pintas dos coches del mismo color, usa la misma base o te quedarán descuadrados uno al lado del otro.
En una maqueta de coche la profundidad del barniz pesa más que el propio tono. Una vez seca la pintura, pulveriza una capa brillante de barnices, deja que endurezca varios días y solo entonces púlela. Ir con prisa en esta fase es lo que más trabajo da después, porque un barniz blando se calienta al pulir y se vuelve mate.
Más tonos aptos para carrocería, incluidos los metálicos y los de tipo laca, están en pinturas acrílicas.